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Cueva de Altamira, primeras manifestaciones artísticas

Cueva de Altamira

La cueva de Altamira es conocida popularmente como la Capilla Sixtina del arte rupestre. La popularidad de esta cueva se debe a que ha sido reconocida por ser el primer lugar en el que se hallaron estas manifestaciones artísticas pertenecientes al periodo paleolítico.

Esta maravilla está situada al norte de España, cerca de la localidad de Santillana del Mar, en la región de Cantabria.

Geológicamente hablando, se define como una pequeña cavidad que cuenta solo con 270 metros de longitud. Esta cueva está situada en el costado de una colina de origen calcáreo, lo que le permite gozar de una gran fortaleza estructural.

Pinturas rupestres de Altamira

La característica geológica de la cueva de Altamira no sólo le permite tener gran solidez en lo que a morfología se refiere, sino que la coloración de la piedra caliza de la que se compone, sirvió como un gran lienzo para los artistas paleolíticos. Estos pertenecían a los períodos del Solutrense y el Magdaleniense.

El arte de Altamira es realmente llamativo porque representa una mezcla de diferentes técnicas de impresión donde están presentes el  dibujo, la pintura y el grabado. Además, se usaron pigmentos que surgían del tratamiento del carbón hasta conseguir coloraciones en tonos marrones, ocres,  amarillentos y negros.

Una vez elaborados los colorantes, los artistas usaban los dedos para elaborar sus creaciones, aunque hay muestras claras que indican el uso de utensilios a modo de pinceles.

Incluso los historiadores señalan que soplaban algunos pigmentos, algo muy parecido a la técnica del aerógrafo.

Además de las técnicas con las que se elaboraban las partes gruesas de las pinturas, es destacable que el borde de las imágenes era rematado con el uso de carbón vegetal. Esto no solo servía para  perfilar los contornos, sino también para crear detalles específicos como el pelaje de los animales que se representaban.

Si bien es cierto que los trabajos que comparten el espacio de la cueva de Altamira son admirables, es necesario resaltar que hay expresiones de diferentes escuelas, capacidades y momentos distintos, puesto que la cueva pudo estar en uso durante miles de años entre el 36.000 y el 13.000 a.C.

Visita al museo de Altamira

Al igual que los museos contemporáneos, la cueva de Altamira está compuesta de diferentes salas, que en este caso están definidas por la morfología de la cueva y las diferencias en las técnicas y colores usados en las pinturas.

Así pues, actualmente se identifican varias zonas en la cueva de Altamira. Si bien no hay unanimidad en cuanto a los nombres de estas salas, la división más extendida usa seis apartados: vestíbulo, gran sala de los polícromos, gran sala de los tectiformes, galería, sala del bisonte negro y la cola de caballo.

Para muchos estudiosos del arte y la historia, lo más impresionante de las pinturas rupestres de Altamira, no solo está en los dibujos en sí mismos, que ya de por sí son muy llamativos, sino en el aprovechamiento y distribución del espacio.

A través de la utilización de las formaciones presentes en la cueva, sobre todo en el techo, los artistas rupestres lograron expresar un carácter de profundidad  y tridimensionalidad en los dibujos.

Cueva de Altamira museo

Cueva de Altamira, características

En la cueva de Altamira se encuentran 260 representaciones entre pinturas, grabados y la mezcla de ambas. En ellas se muestran animales, figuras antropomórficas y hasta formas geométricas como rectángulos y conos.

Las formas más grandes y  repetidas son las de los animales, destacando que hay caballos y bisontes de entre 1,25 y 1,70 cm de longitud.

Además hay una cierva de más de dos metros, muestras de jabalíes, renos y animales extintos como los mamuts.

Otra característica de la cueva de Altamira es que la representación de estos animales no forma parte de una historia compaginada, sino que representan escenas independientes, teniendo en cuenta que la composición fue realizada durante el paso de miles de años.

Esto ha llevado a que se produzcan diferentes especulaciones en cuanto al significado de las imágenes.

Así para algunos, estas figuras representan escenas de caza, mientras que para otros simbolizan imágenes religiosas, e incluso hay quienes afirman que representa la guerra entre dos clanes: el del bisonte y el de la cierva.

El bisonte de Altamira

El bisonte es el animal que más veces aparece representado en la cueva de Altamira, en específico el denominado bisonte encogido.

Sin duda es una de las imágenes más conocidas de la cueva y del arte rupestre en general, hasta tal punto que ha sido presentado en la mayor parte de los libros de texto de “Historia del arte”.

El bisonte encogido fue concebido en esa postura para coincidir con una protuberancia rocosa y destaca por su enorme realismo. Esta pintura parece representar una  postura previa a un ataque, lo cual hace creer que la cueva recrea escenas de caza.

Cueva de Altamira bisonte

Descubrimiento de la cueva de Altamira, Marcelino Sanz de Sautuola

Al igual que la tumba de Tutankamón o el ejército de Terracota, la cueva de Altamira  fue protegida por la propia naturaleza a través de un derrumbe que la aisló y la conservó para la posteridad.

Su descubrimiento se debe a Modesto Cubillas, un humilde ciudadano que vivía en la zona aledaña a la cueva y que dio con ella en un incidente de caza. Todo sucedió cuando tuvo que liberar a su perro, que se había quedado enganchado en lo que parecía una  grieta cualquiera.

Cueva de Altamira visita

Transcurría el año de 1868 y el descubrimiento de Cubillas no tuvo el menor impacto en la comunidad, pues era una grieta más en una formación montañosa que, por ser constituida por piedra caliza, se caracterizaba por presentar hendiduras en toda su morfología.

Sin embargo, Cubillas le comentó su descubrimiento a Marcelino Sanz de Sautuola, que era el propietario de la hacienda donde trabajaba y era aficionado a la paleontología.

El prominente hacendado no visitó la cueva hasta el año 1875 y en su primera incursión llegó a recorrer la totalidad de la caverna y llegó reconocer algunas líneas, que no le parecieron parte de una obra humana.

Cuatro años más tarde, Sanz de Sautuola volvió a visitar la cueva con la intención de buscar restos de huesos. En esta oportunidad, estaba acompañado de su hija María, que al adentrarse en la cueva, se dio cuenta, de los dibujos que había en el techo.

De esta forma se descubrió la cueva de Altamira, una de la grades maravillas del arte paleolítico.